Qué hay en el tercer cajón

La organización del espacio de trabajo es un requisito sine qua non para la eficiencia de cualquier equipo. Nosotros lo hacemos por cajones – cinco, para ser exactos. Ordenados como jamás hemos conseguido ordenar nada en la vida. Cinco cajones, cinco temas. Y en cada cajón, subapartados. Etiquetados cual unidades de ejército, a la orden, con una velocidad de respuesta inferior a 10 segundos, donde todo es inmediatamente localizable y ejecutable.

 

Y luego está el tercer cajón.

 

La oveja negra. El maldito enmedio. El alter ego de Pandora. Ajeno a normas, el tercer cajón atesora “joyas del intelecto” como dulces y frutos secos, fundas de gafas vacías, cajitas y post-its, salpicados de sesiones de brainstorming espontáneas que (nos decimos) algún día cambiarán el mundo. Todas las acciones que han salido de Twelfhundred tienen un primo más o menos hermano en el tercer cajón. Por ello, cual vaca sagrada, lo alimentamos regularmente con desencadenantes potenciales de nuevas soluciones. Si tuviéramos que darle un cargo oficial, este pequeño sueco (nació en Ikea) sería un guardián con rango de figura literaria: todo lo que contiene nos hace mejores haciendo lo que hacemos mejor.

 

Limitado como es, ha acabado necesitando una extensión para no quedarse sin aire. Con la decisión de darle finalmente la libertad de existir sin morir ahogado por sus pertenencias, a partir de ahora todo lo que nos inspire tendrá su minuto de gloria en este blog, este cajón, nuestro cajón favorito.